24 de febrero de 2013

Relatos ilustrados XIII: El fantasma de mi ex


   Pulsé "Nuevo mensaje" y lo escribí, luego elegí destinatario:  Paulina. Esto no lo habría hecho hace dos semanas a menos que estuviera muy borracho o drogado. Ni siquiera se me había pasado por la cabeza hacerlo, hasta que empecé a sospechar. Y daba por hecho que jamás lo haría por una sencilla razón: Paulina estaba muerta. Ella era mi novia, murió en un accidente doméstico relativamente común. Resbaló tras sufrir un corrientazo en el baño, usando el secador con el grifo abierto, y su cabeza chocó contra el bidé violentamente provocando una muerte instantánea, aunque no me gusta entrar en detalles.
Me costó pasar página después de aquello, al menos una semana estuve sin pensar o acercarme a otra mujer... Al octavo día me di de alta en una de esas páginas de buscar pareja. El captcha que me apareció fue:




   Esa fue la primera vez que sospeché que el fantasma de mi ex seguía pululando a mi alrededor.  Nunca había creído en fantasmas, Casper o la Chica de la curva tenían la misma credibilidad para mi: ninguna.  La segunda vez que sospeché fue una noche en un bar, unos días después de aquello. Conocí a una chica y nos besamos. Cuando me aparté para invitarla a una copa cayó sobre ella un foco, justo en la cabeza. Quedó inconsciente dos semanas y perdió el 73% del cabello debido a las quemaduras. Fui a verla al hospital cuando se recuperó, y descubrí que había olvidado todo lo sucedido aquella noche, y eso que insistí varias veces en explicarle cómo nos besamos y cuánto parecía gustarle. Eso no gustó nada a su novio, que estaba también en la habitación. Mi mandíbula conoció su puño y su experiencia en el boxeo antes de que me diese cuenta de la situación. Tres puntos de sutura. La enfermera que me cosió no estaba nada mal y conseguí su número tras parecerle interesante o darle pena, una de dos. Escribí su número en un papel y me lo guardé en la cartera. Cuando llegué a casa y saqué aquel papelito vi que el número ahí apuntado era el de Paulina. Tercer indicio de su presencia...

   El cuarto y más evidente motivo que me hizo sospechar, fue cuando me acosté con una chica en mi casa. Se disponía a darme placer oral cuando apareció tras ella una forma incorpórea, brillante y etérea, gaseosa y traslúcida, con la cara de mi ex, el pelo de mi ex y una expresión de furia idéntica a las que ponía mi ex, Paulina. Aparté a la chica de mi, salí de ella y le pedí que se vistiera y se fuera, argumentando una necesidad de paz interior incontenible. Tras el tortazo que me dio (justo en la zona de puntos) se fue gritando y maldiciendo, dando un portazo y un más que posible punto final a nuestros encuentros…Entonces escuché una risa, tímida y nerviosa. La risita de mi ex. 




   Estoy seguro de que sigue aquí, me observa y se pone celosa cada vez que me acerco a una chica, hace lo que sea porque siga siendo suyo...
He tratado de comunicarme con ella, he hecho rituales satánicos, llamado a líneas de tarot, acudido a "Más allá de la vida", hecho sacrificios, invocaciones, rezado y maldecido y las respuestas no aparecen. Quiero romper con ella definitivamente, explicarle que una relación así no es sana, ella está muerta y yo sigo cotizando como persona física. Ella solo puede manifestarse de formas siniestras y eso a mi no me pone nada. ¿Cómo la llamaría para quedar? ¿Usando una Ouija? ¿Cómo sé que no me mira cuándo cago o me masturbo? Es imposible que sigamos siendo pareja de ese modo. Por eso decidí algo que quizás solucione lo nuestro o ponga fin a esta insufrible situación...
Saqué el papelito de la cartera, luego el móvil y escribí el SMS:
"Cariño, si me quieres, mátame"  

2 comentarios:

Samuel Hernández dijo...

Fantastiquérrimo, caballero. Me encanta.

Gloria Torres-Daudén dijo...

Muy bueno señor :P Me gusta tu estilo. Lo del capcha me ha matado :P